Amigo, ¿quién necesita enemigos?

Título original: Amigo
Dirección: Óscar Martín
Año/País: 2019/ España
Reparto: Javier Botet, David Pareja, Esther Gimeno, Zoe Berriatúa, Alfonso Mendiguchia, Luichi Macías, Ana del Arco, Patricia Estremera
Duración: 81 minutos
Género: Thriller, Comedia negra, Terror

¿Cuándo una película pertenece a un género por derecho propio o se trata de un homenaje? ¿Dónde están los límites entre el noir y el neo-noir? ¿Tienen los géneros una fecha de caducidad? Me pregunto esto porque últimamente he leído cosas como que una película determinada no es terror, si no un homenaje al cine de terror. O que Chinatown no es cine negro, porque se dejó de hacer cine negro en la década de los 50.

Este debate, que desde luego no voy a zanjar en estas líneas, no interesa a la mayor parte del público que ve cine hoy en día. Y hacen bien. Pero es un tema que me ha venido a la cabeza durante los 80 minutos que dura Amigo, el debut en la ficción de Óscar Martín.

Vemos una casona apartada, ambiente natural, un coche viejo, posiblemente de los 60 o 70. Y dos personajes, uno en silla de ruedas y otro que, pacientemente, le ayuda y cuida. Por sus ropas y la decoración de la casona diríamos que estamos en la década de los 70 (luego veremos, por detalles, que la acción se desarrolla entre los 80 y primeros 90). La ambientación y puesta en escena es apagada, sin planos enfáticos ni colores vivos. Es una película de aspecto triste, como los dos protagonistas.

David quiere agradar y cuidar a su amigo Javier, que ha quedado postrado en una silla de ruedas después de un accidente del que no se nos habla. Tiene toda la paciencia del mundo, mientras que el enfermo se muestra desagradecido, tiránicoy bastante arisco con su amigo. Pronto nos damos cuenta que en esa amistad hay algo que tendremos que ir descubriendo, y la tensión se va acrecentando.

La película, que está dotada de un retorcido humor negro, es un homenaje al cine de terror español de los 70. En todo momento, en la televisión, Javier está viendo clásicos de terror desde Paul Naschy a Historias para no dormir, y aunque Óscar Martín juega a dejar entre brumas la época en que se ambienta el film, hay detalles como un logo de tve en un momento dado, la publicidad de la televisión o la utilización de una videocámara que enclavan la historia hace 30 o 40 años.

También puede recordar a obras como Misery (la enfermiza relación entre cuidador y cuidado), incluso El resplandor (la nieve que incomunica, la locura), pero según avanza la historia va perdiendo un poco el fuelle y la tensión dramática pierde un poco la credibilidad, algo perdonable gracias al buen hacer de sus dos protagonistas.

Lo mejor: La interpretación del dúo protagonista
Lo peor: La función va de más a menos y el climax resulta un tanto atropellado
Nota: 6
Otras obras de Óscar Martín: Celuloide colectivo, Fallas 37

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