El diablo entre las piernas, el demonio de los celos

Título original: El diablo entre las piernas
Dirección: Arturo Ripstein
Año/País: 2019/ México
Reparto: Silvia Pasquel, Alejandro Suárez, Greta Cervantes, Daniel Giménez Cacho, Erando González, Patricia Reyes Spíndola…
Duración: 147 minutos
Género: Drama

Vaya por delante que acometer una película de Arturo Ripstein, al menos para mí, no es tarea fácil. Me sucede lo mismo cada vez que veo algo nuevo de Peter Greenaway. Ambos son dos autores que, por lo general, me gustan pero eso no quita que siempre me acerque a cada título de ellos con cierta cautela. Y El diablo entre las piernas no es una excepción.

Si habéis visto alguna película del mexicano sabréis que es un cine sucio, duro, con una crueldad que traspasa en ocasiones lo soportable, sin duda no es un cine para ver todos los días y, desde luego, se requiere cierta disposición por parte del espectador.

A menudo son historias desesperadas, violentas, donde el maltrato de todo tipo (físico, moral, psicológico) campa a sus anchas, una bofetada (cuando no un vómito) al espectador. Toda una experiencia, vamos. Entonces… ¿Por qué ver el cine de Arturo Ripstein?

Sin querer ahondar mucho en la biografía del cineasta mexicano, decir que su padre le llevó al cine a ver Nazarín cuando este tenía 15 años, y aquella revelación fue fundamental para él, hasta el punto de ser alumno y amigo de Luis Buñuel, llegando a ser ayudante de dirección en alguna película.

Su primer largo fue Tiempo de morir, un duro western rodado en 1966 donde ya se vislumbraba a un cineasta de rudas y a la vez delicadas formas. No voy a resumir sus 60 títulos (más que nada porque aún me faltan varios por ver) y vamos al trigo.

El diablo entre las piernas, título que de sugerente resulta casi obsceno, está basado en un texto de su mujer Paz Alicia Garciadiego, su guionista habitual, y ahonda en una relación enfermiza basada en las vejaciones, malos tratos (verbales) y desprecios constantes que tienen como origen los celos.

Es muy fácil detestar al personaje del marido, interpretado con empaque por Alejandro Suárez, conocido en México por papeles cómicos. Su personaje es cruel, se creería que cínico (acusa a su mujer de facilona mientras le es infiel casi diariamente) y consigue crearse una imagen débil que genera más que odio (o asco) lástima. Además carga con un oficio frustrado como médico, transformado en farmacéutico.

Por otro lado ella es la víctima, una mujer que aguanta carros y carretas pero que, según avanza la historia, tiene un pasado que es el que atormenta al hombre. Ambos viven en una casa que en su momento debió de ser importante, pero al igual que los castillos góticos, es una sombre de lo que fue. Vemos amplias salas, pasillos, jardín… pero todo abandonado, como sus propietarios. Incluso tienen una joven criada, totalmente del lado de él.

La fotografía, en blanco y negro, es elegante en contraposición con todo lo que estamos viendo. Es como si Bela Tarr se hubiese dado un chapuzón en el neorrealismo o en determinadas novelas de Galdós. La steadycam vuelve a ser fundamental en el cine de Ripstein (no olvidemos que es uno de los cineastas que más y mejor utiliza el plano secuencia).

Muebles viejos, espejos que reflejan lo decrépito, personajes acabados, brutales, seres que se dejan llevar por sus pasiones. La película, de metraje un tanto excesivo, tiene sexo, sí, pero un sexo feo, soez, con cuerpos poco apetecibles y escenas grotescas. Una búsqueda de lo tierno en lo duro y de lo bello en lo feo.

Al final de la función queda la memoria de ambos, en esos apuntos de las crueldades que él le recrimina a ella, convertidas en un cuento para mantener la cordura y la paz en la pareja. Porque al fin y al cabo, según la película, los celos exacerbados muestran una pasión y un deseo ardiente. Algo que provoca el fuego, ese diablo entre las piernas.

Lo mejor: Toda la película está rodada con una elegancia exquisita
Lo peor: Quizá reitera demasiado haciendo que el metraje sea, en ocasiones, excesivo
Nota: 7
Otras obras de Arturo Ripstein: La mujer del puerto, Profundo carmesí, Principio y fin, La perdición de los hombres, El castillo de la pureza

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