Gambito de dama, perder para ganar

Título original: The queen´s gambit
Dirección: Scott Frank, Allan Scott
Año/País: 2020/ Estados Unidos
Reparto: Anya-Taylor Joy, Isla Johnston, Annabeth Kelly, Bill Camp, Christiane SeidelRebecca Root, Chloe Pirrie…
Duración: 7 episodios de 50 minutos cada uno
Género: Drama, Ajedrez

El Gambito de dama es una apertura de ajedrez en el que se sacrifica alguna pieza, por lo general peones, para adoptar una ventaja sobre el contrincante, y Elizabeth Harmon comienza esta miniserie perdiéndolo todo; sin padre desde que nació, pierde a su madre en un accidente de coche y es llevada a un orfanato donde hace buenas migas con una chica mayor que ella y con el conserje que la enseña a jugar a ajedrez.

A pesar de estos dos pilares, Harmon crece con un carácter introspectivo, esquivo y tremendamente asocial. Es en cambio en las 64 casillas de un tablero de ajedrez donde dice controlar la situación y pronto despunta barriendo a cuanto contrincante se le cruza. Pero sus problemas personales y afectivos le llevarán a una vida de excesos con los tranquilizantes y el alcohol que pueden acabar con su brillante carrera como ajedrecista.

La serie estrella de la temporada en Netflix partía con dos, por decirlo de alguna manera, inconvenientes; un título incomprensible para la mayor parte de personas ajenas al ajedrez y el propio tema del deporte. Poco hacía presagiar que la gente vería un masa una historia basada en un deporte como ese. ¿Os imagináis una miniserie sobre el golf, la pesca o el dominó? En cambio la crítica y el público se han rendido a esta serie de 7 episodios. ¿Por qué?

La serie tiene un inicio, que si bien no es especialmente original, está muy bien sintetizado. Pronto te metes en situación y empatizas con la niña (ya habrá momentos en los que reprocharle cosas a la Harmon mayor). El acercamiento al ajedrez como tabla de salvación y a las pastillas desde pequeña mantiene una tensión que no lo tiene el tablero, al menos para el que no juega. Se toma cierto tiempo en despegar, pero cuando lo hace vuela alto.

El diseño de la serie es deslumbrante y está mostrado con maestría, la moda y la música de la década de los 60, los diferentes escenarios de los países a los que Elizabeth Harmon va a competir y la enigmática y brillante interpretación de Anya-Taylor Joy, que muestra una elegancia apabullante, no sólo por los estupendos vestidos que luce, elegancia en sus movimientos, una mirada que atraviesa la pantalla, un misterio que se esconde tras su impoluta belleza aniñada.

Pero no todo en la serie es diseño, ambientación y Elizabeth Harmon y es, precisamente en ciertos personajes secundarios y ciertas subtramas donde la serie no hace pie, algo que no empaña el conjunto pero que nos hace bajar algún peldaño. De hecho la serie se ve con agrado pero no es de las que te atrapa y, al menos en mi caso, al final que gane o pierda nuestra heroína tampoco es que me importara tanto, no le va la vida en ello.

El tema de la iniciación al sexo y las adicciones es contada muy por encima y sin una gran resolución. Quizás sea la parte más floja del guión a pesar de tener un par de buenas escenas que lo sintetizan, una de ellas a ritmo del tema Venus de Shocking Blue.

Una miniserie de 7 episodios, de los cuales el último es francamente innecesario y rompe cierta tensión que había en el penúltimo. Un producto de factura notable que podía haber dado mucho más de sí, pero que es una serie mainstream con una calidad por encima de la media, y eso ya es mucho decir.

Lo mejor: Anya-Taylor Joy
Lo peor: En ocasiones la serie no carga las tintas como pedía la historia
Nota: 7

2 comentarios en “Gambito de dama, perder para ganar

  1. Tengo que reconocer que yo le pongo más nota. Pero hay que tener en cuenta que la vi con ojos de disfrutón, y no de ‘cronista’. Tendré que verla otra vez para comprobar si el final flojea como dices.

    Para mí lo una de las cosas más destacables son los recursos visuales y la ambientación. Me pareció magnífico el travelling que se marcan en la escena de entrada al hotel de Las Vegas desde la calle hasta el piso superior.

    Ella está fantástica y, aunque se eche de menos el ahondar en alguna subtrama, los secundarios están bien. Me resultó curioso ver tan creecidito a Thomas Sangster (Sam en “Love, actually”).

    Me gusta

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